LA INDIFERENCIA Y LA AGRESIÓN DEL GÉNERO FEMENINO HACIA SUS IGUALES

“Las mujeres son brutas y se ayudan”,  no sé cuantas veces he escuchado esta frase por parte del género masculino y en ocasiones hasta del femenino, parto de la misma porque pareciera que ha sido el lema de la administración de la Alcaldesa María Eugenia Riascos, ya que muchos ciudadanos la han tildado de bruta y en reiteradas ocasiones han hecho mención de que las mujeres al poder son lo peor que le pueden pasar a las administraciones gubernamentales.

Creo que partiendo de este hecho, podemos notar que en nuestra sociedad colombiana y en  América Latina, se sigue viviendo un machismo pleno, donde nosotras como mujeres seguimos apoyándolo por medio de frases como: “tenía que ser mujer, para ser tan bruta”, “las mujeres al volante son un peligro” entre otras palabras que agreden al género.

Hago mención a estos hechos por sencillas razones, los medios de comunicación, la comunidad y los gobernantes siempre tienden a tildar las malas acciones que hacen las mujeres al poder, por ejemplo el caso ya antes mencionado, otro podría ser el de la senadora Piedad Córdoba quien también fue apaleada por los diferentes actores del sistema. Pero a partir de esto quiero hacer una pregunta la cual ayudara al desarrollo de este ensayo como lo es ¿Cuántos hombres hemos tenido en el poder y cuántos de ellos han dado su cuota de sabiduría?

A partir de esta pregunta, puedo empezar  por decir que hemos tenido cualquier cantidad de hombres al poder, que todos nos han dejado administraciones en banca rota, trabajos inconclusos y a los cuales se les han abierto cualquier cantidad de investigaciones por perdida de dineros, favores no lícitos, entre otras acusaciones, pero ¿quién les ha dicho que los hombres en las administraciones públicas son de lo peor?, la verdad, creo que solo han dicho que son corruptos, ladrones, entre otras palabras, tal vez muy bien empleadas, lo que realmente me asombra es la capacidad machista de nuestras sociedades para olvidar los sin sabores que han dejado administraciones a cargo de los miembros del género masculino, En algún momento hemos dejado de votar por los hombres que se postulan a las administraciones gubernamentales, pese a sus malas actuaciones de su género?.

En nuestra sociedad colombiana se aplica la “ley del embudo, lo ancho para ellos y lo angosto para nosotras” o “por una pagan todas”, pero, por qué sucede que nosotras como mujeres no nos apoyemos y que como ciudadanos solo veamos la paja en el ojo ajeno sin podernos ver como iguales y no como dos géneros distintos, es indignante ver que estas dos frases populares ya antes citadas solo apliquen paras las mujeres y no para los hombres en el ámbito político.

¿Qué clase de lenguaje estamos utilizando como mujeres para referirnos a otras iguales?, creo que la respuesta es más que obvia, muchas de nuestros intentos por progresar en la liberación femenina y hasta en el mismo feminismo que busca empoderar a la mujer, cae en el maltrato verbal hacia nuestras iguales y lo peor es que el apoyo a nuestro genero es nulo ya que a veces al decir que las mujeres al poder no sirven, estamos participando activamente del  machismo latinoamericano.
Pero miremos como esta dimensionada la participación de la mujer en la política en Colombia  “las mujeres no ocupan más del 12% en promedio de los cargos de elección Popular del país con una tendencia a la baja en las últimas elecciones de 2006. “En las  últimas elecciones de autoridades municipales para el período 2004-2007, de los 1.098 municipios que tiene el país, en sólo 9 de ellos se alcanzo paridad, en 73 alcanzaron representación entre un 30% y 49% de mujeres, y en 184 municipios las mujeres sólo representan entre el 1% y el 9%.  Más de la mitad de los municipios del país (758) nunca han elegido a una mujer para el cargo de alcalde; de las 32 ciudades capitales departamentales sólo ocho han tenido alcaldesa. A nivel departamental,  desde 1991 que existe la elección popular de gobernadores, sólo 7 mujeres se han desempeñado como gobernadoras”
Es válido mencionar que la falta de apoyo al empoderamiento de la mujer en la política por parte del mismo género es poco, puesto que muchos de los partidos políticos en épocas de elecciones se ven obligados a brindarles aval a un cierto número de mujeres porque así lo exige la ley, en algunos casos solo lo hacen por rellenar esos formalismos y piden a las mujeres que se inscriban, pero no les brinda el apoyo adecuado para sus campañas.

“La ley 581 del 2000, “Por la cual se reglamenta la adecuada y efectiva participación de la mujer en los niveles decisorios de las diferentes ramas y órganos del poder público, de conformidad con los artículos 13, 40 y 43 de la Constitución Nacional y se dictan otras disposiciones”, conocida como ley de cuotas, señala que por lo menos el 30% de los cargos de nivel decisorio de la administración pública deben estar ocupados por mujeres y establece que para los cargos de elección por ternas por lo menos una mujer debe integrarla”.
Es importante decir que las mujeres tenemos un gran potencial a la hora de gerenciar, administrar y poder sacar nuestros proyectos a flote, creo que el principal limitante de la mujer es su propio machismo que le impide creer que podemos ser mejores y desempeñarnos igual o mejor que los hombres en los cargos públicos, puesto que las garantías están dispuestas, pero pienso que la mujer latinoamericana no ha salido de la esfera que nos ha vendido la sociedad a la hora de vernos como las amas de casa, esposas, madres y sumisas a las decisiones del hombre.

Acaso la mujer no ha podido leer entre líneas que somos mayoría? Que necesitamos del apoyo de cada mujer, que necesitamos más espacios, que en la búsqueda de encontrar mejores lideresas, estamos en nuestro derecho de equivocarnos, así como los hombres lo han hecho y de maneras peores en el tiempo.
Es hora de tomar las armas de nuestro intelecto y ocupar esos espacios que nos garantiza la ley y dejar de ser el ejemplo de las mujeres sumisas que se encuentran bajo el yugo de una sociedad que sigue divida entre géneros, razas, etnias, religiones y demás, será que a la hora de morir no somos iguales?,  no sentimos lo mismo?
Es hora de dejar de ser minoría, cuando representamos un número significativo del porcentaje de habitantes de nuestro planeta, es hora de juzgarnos las unas a las otras y de utilizar ese lenguaje soberbio y discriminativo que solo nos lleva a la desintegración del género y al empoderamiento del machismo sonde nunca tendremos las mismas oportunidades que los hombres y pese a que nuestra hoja de vida crezca en títulos nunca tendremos salarios del mismo monto que los hombres con un simple título profesional.

Es necesario empoderarnos y cometer errores, pero sin arrepentirnos, sin recriminarnos, actuar en la política de manera honesta, con valores, con la gran capacidad que tenemos para sensibilizarnos con nuestro entorno.
Recordemos esa frase que dice que es de humanos equivocarse y de sabios reconocer nuestros errores.

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